Saber por qué este blog fue visto 17 veces desde Alemania...
Mucho... me intriga mucho.
Auf wiedersehen!!!
martes, 28 de agosto de 2012
miércoles, 18 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
Frase simpson de hoy
Bart: Ey, Abuelo, necesitamos saber tu primer nombre
Abe Simpson: ESTAN HACIENDO MI LAPIDA!
(uno de los grandes personajes secundarios de The Simpsons)
Abe Simpson: ESTAN HACIENDO MI LAPIDA!
(uno de los grandes personajes secundarios de The Simpsons)
jueves, 29 de julio de 2010
Frase simpson de hoy
Homero: "Siempre me he preguntado si existe Dios. Y ahora sé que sí.... SOY YO"
Homero el Grande...
Homero el Grande...
miércoles, 28 de julio de 2010
Frase simpson de hoy
Homero: (...) Además, cada vez que aprendo algo nuevo, empuja algo viejo de mi cabeza. Recuerdas cuando tomé ese curso de vinos caseros y se me olvidó conducir?
Marge: Eso es porque estabas borracho!
Homero: Ay, qué rico...
Marge: Eso es porque estabas borracho!
Homero: Ay, qué rico...
miércoles, 26 de mayo de 2010
Del Bicentenario y el casamiento gay
En casa, durante mi niñez, nunca sobro la plata. No es que éramos pobres, pero la plata no sobraba. Entonces, ir al cine y posteriormente a Pumper Nic por una hamburguesa con mi vieja era algo inusual. Así y todo, ciertas veces lo hacíamos.
Recuerdo que una vez (yo no tendría más de ocho años), estábamos por el centro empezando a comer cuando se acercó a nuestra mesa un chico de no más de 5 años. Sucio, andrajozo, con carita de hambre. Vino a pedirle plata a mi mamá. Ella, sin pensarlo, le ofreció, en lugar del dinero solicitado, comprarle algo de comer; él no aceptó, se dio media vuelta y siguió pidiendo en las demás mesas.
Yo, que era un ingenuo (aún más que ahora, cosa difícil de creer), miré a mi mamá incrédulo: ¿Cómo podía ser que no le diera aunque sea unas monedas? ¿Cómo se podía ser tan insensible?
La indigencia ya existía en nuestro país, pero no era tan visible y cotidiana como ahora, que vemos cada dos pasos alguien en esa condición. Este es, probablemente, el primer chico que vivía en la calle del que tengo memoria.
Mi madre entonces comenzó a explicarme que ella no había obrado mal, por más que yo pensara lo contrario, y que le había ofrecido comida en lugar de dinero, porque seguramente lo que tenía era hambre. Yo seguía incrédulo. De repente, alguien, una mujer, que estaba en la mesa contigua a la nuestra, se sumó a mi mamá, diciendo que ella había visto en la esquina a la madre de ese mismo chico, sentada, esperando que él le llevara las monedas que había podido recolectar.
La madre lo mandaba a "trabajar", y él no podía aceptar comida en lugar de dinero, por más que su estómago pensara distinto. Su madre, su propia progenitora, lo obligaba a llevar dinero a ella, antes que comida a su estómago.
Entonces, mi incredulidad (aún pequeño como era) cambió de destinatario. Ahora no entendía cómo era posible que una madre hiciera eso con un hijo... o con dos, o con los que tuviera.
Aún hoy, 25 años después, sigo sin entenderlo.
Hoy nuestra patria, este querido país que tanto amo, acaba de cumplir 200 años. Y se dió un buen paso en esto de ser un país más avanzado o más tolerante. Tarde pero seguro (como parece ser el lema que debería figurar en nuestro escudo junto, tal vez, con el Springfieldiano "Corruptus in extremis") la Argentina debatió y aprobó el cambio en la ley del matrimonio. Por fin se acepta algo que debería haberse aceptado hace muchos años: Que el matrimonio debe ser entre dos personas que se aman, sin importar el sexo de las mismas. Y una parte sustancial dentro del debate de ese cambio de ley, es el tema de la adopción.
Lamentablemente, en estos días pude ver muchísimas opiniones que atrasan, por lo menos 50 años. Sacando el tema de los que opinaban en contra del matrimonio gay (como si la ley los obligara a inmediatamente volverse homosexuales a ellos y salir corriendo a casarse con alguien de su mismo sexo), vi que muchísima gente que opone rotunda y fervorosamente a que un matrimonio gay adopte a un niño. ¿Sus argumentos? Hay de todo tipo. Existen los que dicen que el derecho universal del niño es tener una familia, y que una familia es "mamá-papá"; los que aseguran que un chico criado por dos personas del mismo sexo generará conflictos. O que sufrirá mucho en la escuela, en las reuniones de padres, etcétera.
Hasta llegué a escuchar que "los terremotos de Haití y Chile es un castigo de Dios por los pecados que se están cometiendo en la Tierra, entre los cuales se encuentra la homosexualida (sic)"
Entonces, me vino a la cabeza el episodio del Pumper de hace 25 años. Y pensé "Ese chico, que estaba pidiendo limosnas desde los 5 años (o menos) ¿no generó conflictos? ¿No se sintió nunca discriminado? Ese chico ni siquiera tuvo escuela, ni reuniones de padres. Ese chico estaba apartado de la vista de Dios, aún cuando tuvo "mamá y papá".
Escuché también por ahí que era "condenarlo" (a este chico criado por una pareja homosexual) a convertirse en homosexual él también. Y me llamó la atención esta afirmación. Porque, me parece, siguiendo esa línea de pensamiento, no deberían existir los homosexuales ¿no? Digo... todo homosexual nación de una pareja hetero... creo, digo yo, que ya no estoy seguro de nada.
Después, me puse a pensar en cómo sería eso de un chico adoptado por una pareja homosexual cuando fuera éste a la escuela. Y me acordé de cuando YO (heterosexual) iba a estudiar. Y de cómo siempre te cargaban. Por ser alto, bajo, flaco, gordo, pelilargo, pelado... Los chicos siempre encuentran algo con qué molestar. Aunque más no sea, por ser el "traga" del curso.
Y también me parece que, una vez que se apruebe la modificación de la ley y las parejas gay puedan adoptar (sí, estoy haciendo un poco de futurología, pero confío ciegamente en que nuestros gobernantes van a modificar de una buena vez este punto a favor de la adopción), van a pasar por lo menos cuatro o cinco años hasta que los chicos adoptados estén en edad escolar, y para ese entonces, sus compañeros de clase ya van a tener incorporado que existen parejas gays, y que puede ser que un compañero tenga dos mamás, o dos papás, y que eso no implica que sea algo malo.
Los chicos hoy, así como ese chico del Pumper, están discriminados, faltos de amor, faltos de posibilidades, aún cuando tienen padres heterosexuales. Esos núcleos familiares "ideales" que tanto pregonan, son los que maltratan, violan y matan a sus hijos.
José "Pepe" Cibrian, pedía a gritos en un programa de televisión que le dejen adoptar a él y a su pareja (gay) a uno, dos o cinco chicos. Él puede darles todas las posibilidades que no tiene un chico de la calle, ya que seguro que plata no le falta. Y les sobra amor. El primer derecho implícito de un chico. Así como él y su pareja, seguramente millones de chicos que hoy no tienen nada, tendrían todo, empezando por oportunidades, de modificarse esa puta (ja!) ley.
Ojalá hoy, dentro de todos estos festejos de los 200 años del país, entre tanta algarabía y tantos pedidos de hermandad y unión, aquellas personas que siguen pensando (como en 1810, quizá) que un matrimonio gay no debe adoptar, abran sus mentes y sus corazones, y entren en razon.
No podemos discutir con el amor. Vamos a perder siempre...
Demostremos que podemos ser un país de avanzada. Empecemos por avanzar.
¿200 años no es nada?
miércoles, 21 de abril de 2010
Noite

A veces soy un hombre roto con el corazón entero. Y muchas otras veces viceversa. Cuando camino las calles solitarias de la noche, con este abrigo de estrellas tuertas encima, siento como si todos los días fueran iguales, y el descanso me gambeteara una y otra vez.
Cuando destilo las ideas, la inevitabilidad de saberme preso en esta piel, me cachetea con mi realidad y me avisa que, indefectiblemente, este soy yo. Y nada más.
Toda mi vida brindé clandestinidad a mi forma de ser, pero la rebelión viene por dentro y se muestra, paradójicamente, en el fondo de los ojos.
Anduve descalzo, caminé de la mano. Alguna que otra vez me llevaron en andas, y miles de oportunidades me sacaron en camilla. Perdí millones de batallas, y terminé por ganar la guerra.
Por las noches, suelo soñar inconcluso, como escondiéndome de mis temores o, quizá (todavía no lo sé bien) sea precisamente porque me enfrento a ellos. Sueño ser un actor sin guión, con la boca seca de frases, buscando ciegamente un apuntador sin llegar a encontrarlo. Y entonces caigo en la imposibilidad, en la tiranía, en la anarquía de alma. Y empiezo a errar sintaxis y no entiendo de morfologías. Las palabras ya no ruedan como antes, y el pecho duro, asmático, empieza a ceder.
Soy un vagabundo en este mundo de estrellas. Soy el miedo a no ser. Soy la insoportable certeza de entender las soledades ajenas y saber que no pueden solucionarse.
El mundo antes parecía moverse con otra síncopa. El ritmo de los sonidos ha cambiado tanto, que ya no entiendo ni siquiera el ruido blanco que llena el vacío de tus caricias. Y dejo besos en tu piel por las noches insomnes, deseando que ese mundo onírico en el que estás no te deje venir para este lado, a sufrir conmigo las sombras sin luces, los ecos de una noche lejana que nos envuelve.
No entiendo las horas, los cambios y las barbaridades cotidianas. Me pierdo constantemente en este mudo devenir de mis actos.
Siempre fui devoto de la suerte, pero hace mucho que no la practico. Tal vez sea hora de comulgar.
Cuando destilo las ideas, la inevitabilidad de saberme preso en esta piel, me cachetea con mi realidad y me avisa que, indefectiblemente, este soy yo. Y nada más.
Toda mi vida brindé clandestinidad a mi forma de ser, pero la rebelión viene por dentro y se muestra, paradójicamente, en el fondo de los ojos.
Anduve descalzo, caminé de la mano. Alguna que otra vez me llevaron en andas, y miles de oportunidades me sacaron en camilla. Perdí millones de batallas, y terminé por ganar la guerra.
Por las noches, suelo soñar inconcluso, como escondiéndome de mis temores o, quizá (todavía no lo sé bien) sea precisamente porque me enfrento a ellos. Sueño ser un actor sin guión, con la boca seca de frases, buscando ciegamente un apuntador sin llegar a encontrarlo. Y entonces caigo en la imposibilidad, en la tiranía, en la anarquía de alma. Y empiezo a errar sintaxis y no entiendo de morfologías. Las palabras ya no ruedan como antes, y el pecho duro, asmático, empieza a ceder.
Soy un vagabundo en este mundo de estrellas. Soy el miedo a no ser. Soy la insoportable certeza de entender las soledades ajenas y saber que no pueden solucionarse.
El mundo antes parecía moverse con otra síncopa. El ritmo de los sonidos ha cambiado tanto, que ya no entiendo ni siquiera el ruido blanco que llena el vacío de tus caricias. Y dejo besos en tu piel por las noches insomnes, deseando que ese mundo onírico en el que estás no te deje venir para este lado, a sufrir conmigo las sombras sin luces, los ecos de una noche lejana que nos envuelve.
No entiendo las horas, los cambios y las barbaridades cotidianas. Me pierdo constantemente en este mudo devenir de mis actos.
Siempre fui devoto de la suerte, pero hace mucho que no la practico. Tal vez sea hora de comulgar.
miércoles, 24 de febrero de 2010
GPS Customizado
Hace varios años, las marcas de equipos de GPS, se dieron cuenta de que (gran hallazgo!) los hombres le hacían más caso a una voz femenina que a una masculina. De ahí, que estos equipos traen una voz de mujer (generalmente, con ese acento español que tanto gusta a los argetinos) se encarga de direccionar a los hombres conductores.
A raíz de esto, los GPS también pueden "customizarse" y ponerle voces de diferentes personalidades, apelando a la libido de cada uno en particular.
Por eso mismo, desde El blog de Panito, presento mi propuesta de Customizar su GPS con las "Arrimas" de Belén Francese...
Como muestras:
Es un Servicio de Panito para la comunidad
A raíz de esto, los GPS también pueden "customizarse" y ponerle voces de diferentes personalidades, apelando a la libido de cada uno en particular.
Por eso mismo, desde El blog de Panito, presento mi propuesta de Customizar su GPS con las "Arrimas" de Belén Francese...
Como muestras:
- Qué calle estrecha, gire a la derecha
- Nos vamos a la mierda, si no gira a la izquierda
- A cada rey un cetro, gire a 200 metros
- No te estoy esperando, ya estoy redireccionando
- Eso de adelante no es un pino, es solamente su destino
Es un Servicio de Panito para la comunidad
viernes, 19 de febrero de 2010
La maldición de Mieke Schöele
Existe en el mundo una sala, en donde se encuentran ordenadas cientos de lapiceras pluma. Esas lapaiceras han escrito, cada una, miles de historias. Cada historia, a su vez, fue leída por millones de personas. No es posible precisar el número de personas que han leído cada historia, ni cuántas historias fueron escritas en realidad.
Existe la creencia (por no llamarla leyenda) de que, entre todas esas historias, está escrita una frase, sólo una, que encierra todo el conocimiento del hombre. El hombre que sepa leer e interpretar esa frase, poseerá un conocimiento total.
Según pude averiguar, muchas personas se han abocado a la tarea de rastrear esas historias, en busca de esa frase. Se han hecho muchos análisis, muchas críticas y muchas disertaciones sobre cuál frase era la que poseía estas condiciones. Sin resultados relevantes, a pesar de que muchos hayan asegurado conocer dicha frase.
Sin embargo, un estudioso sueco, Mieke Schöele, me comentó en un congreso de literatura en 1992: "El error que han tomado todos aquellos que se pusieron en busca de la frase del conocimiento, es buscarla solamente en su idioma natal. Los chinos buscaron frases chinas, los ingleses en inglés y así... Yo he abarcado mucho más. He estudiado millones de historias, y encontré un patrón en espiral que me ha llevado a deducir, casi con un 100% de seguridad, de que la frase de la sabiduría está en un párrafo de un texto en Portugués. He dedicado mi vida a esto: aprendí idiomas, dialectos y formas extrañas de comunicación. Los últimos 40 años de mi existencia se me fueron en esta tarea. Pero no me arrepiento de nada. Estoy a sólo una página del descubrimiento más grande de la historia de los idiomas"
Quedamos en comunicarnos un año más tarde, para ver si había encontrado la frase y, lo que es más difícil aún, la había podido interpretar como es debido, y nos despedimos, ya que yo tenía que asistir a otro congreso en Lisboa.
Grande fue mi sorpresa cuando, un mes después, recibí un llamado desde Suecia. Mieke Schöele se había suicidado la semana anterior, y me había legado un libro. Los familiares se ponían en contacto conmigo para entregármelo.
El libro estaba en portugués, y en muy malas condiciones. En la primera hoja, de puño y letra de Schöele, un mensaje escueto hacia mí, a quién nombraba por mi Nombre de Pila: "Te he ahorrado la mitad de tu vida, pero me temo que estoy a punto de hechar una maldición a la otra mitad. Sólo debes encontrar un párrafo".
Todavía no pude hacerlo...
Hoy te lego mi libro en portugués a tí. Y te recomiendo leer la página 43. Aún así, tu vida empieza a estar maldita desde ahora.
Existe la creencia (por no llamarla leyenda) de que, entre todas esas historias, está escrita una frase, sólo una, que encierra todo el conocimiento del hombre. El hombre que sepa leer e interpretar esa frase, poseerá un conocimiento total.
Según pude averiguar, muchas personas se han abocado a la tarea de rastrear esas historias, en busca de esa frase. Se han hecho muchos análisis, muchas críticas y muchas disertaciones sobre cuál frase era la que poseía estas condiciones. Sin resultados relevantes, a pesar de que muchos hayan asegurado conocer dicha frase.
Sin embargo, un estudioso sueco, Mieke Schöele, me comentó en un congreso de literatura en 1992: "El error que han tomado todos aquellos que se pusieron en busca de la frase del conocimiento, es buscarla solamente en su idioma natal. Los chinos buscaron frases chinas, los ingleses en inglés y así... Yo he abarcado mucho más. He estudiado millones de historias, y encontré un patrón en espiral que me ha llevado a deducir, casi con un 100% de seguridad, de que la frase de la sabiduría está en un párrafo de un texto en Portugués. He dedicado mi vida a esto: aprendí idiomas, dialectos y formas extrañas de comunicación. Los últimos 40 años de mi existencia se me fueron en esta tarea. Pero no me arrepiento de nada. Estoy a sólo una página del descubrimiento más grande de la historia de los idiomas"
Quedamos en comunicarnos un año más tarde, para ver si había encontrado la frase y, lo que es más difícil aún, la había podido interpretar como es debido, y nos despedimos, ya que yo tenía que asistir a otro congreso en Lisboa.
Grande fue mi sorpresa cuando, un mes después, recibí un llamado desde Suecia. Mieke Schöele se había suicidado la semana anterior, y me había legado un libro. Los familiares se ponían en contacto conmigo para entregármelo.
El libro estaba en portugués, y en muy malas condiciones. En la primera hoja, de puño y letra de Schöele, un mensaje escueto hacia mí, a quién nombraba por mi Nombre de Pila: "Te he ahorrado la mitad de tu vida, pero me temo que estoy a punto de hechar una maldición a la otra mitad. Sólo debes encontrar un párrafo".
Todavía no pude hacerlo...
Hoy te lego mi libro en portugués a tí. Y te recomiendo leer la página 43. Aún así, tu vida empieza a estar maldita desde ahora.
martes, 12 de enero de 2010
Requiem autorecitado
Si alguien alguna vez encuentra estas palabras, quiere decir que estoy muerto desde hace rato, fusilado por esa luz seguidora que no deja en paz a un alma en sombras.
Si alguien se interesa por seguir leyendo esto, deberá saber que este no es un escrito con pretenciones de póstumo, sino más bien una especie de escape de la realidad, de esta vida que dejé en el umbral hace rato junto a mi disfraz.
Ya no importan mis sueños. En mis sueños corro por piedras blancas, y me caigo tantas veces como me levante. Las caídas son leves muchas veces, y otras son profundas, cayendo en grietas insondables, negras, indescriptibles.
He muerto miles de veces fusilado a sus pies, pero nunca tanto como hoy. He sido feliz, y he sufrido inmensamente por esa misma felicidad.
Fui preso y salí en libertad. Estoy en libertad perpetua.
Me vine abajo desde la cima.
He sido. Y sigo siendo
Alguna vez, volveré a ser.
Ahora caminaré en soledad por la noche, saltando charcos de luz. Quizá algún perro solitario beba de mis ojos, y mi mirada vuelva a ser melancólica como antes.
Voy a rodar lejos de la puesta del sol, y a enfrentarme a esas olas de arena oscura.
Soy ahora. Y seré mañana.
No fui luz, ni energía. Ni costa segura en marejadas eternas. No idealizo, y pido que no me idealicen.
He sido.
Sigo siendo...
y volveré a ser
Si alguien se interesa por seguir leyendo esto, deberá saber que este no es un escrito con pretenciones de póstumo, sino más bien una especie de escape de la realidad, de esta vida que dejé en el umbral hace rato junto a mi disfraz.
Ya no importan mis sueños. En mis sueños corro por piedras blancas, y me caigo tantas veces como me levante. Las caídas son leves muchas veces, y otras son profundas, cayendo en grietas insondables, negras, indescriptibles.
He muerto miles de veces fusilado a sus pies, pero nunca tanto como hoy. He sido feliz, y he sufrido inmensamente por esa misma felicidad.
Fui preso y salí en libertad. Estoy en libertad perpetua.
Me vine abajo desde la cima.
He sido. Y sigo siendo
Alguna vez, volveré a ser.
Ahora caminaré en soledad por la noche, saltando charcos de luz. Quizá algún perro solitario beba de mis ojos, y mi mirada vuelva a ser melancólica como antes.
Voy a rodar lejos de la puesta del sol, y a enfrentarme a esas olas de arena oscura.
Soy ahora. Y seré mañana.
No fui luz, ni energía. Ni costa segura en marejadas eternas. No idealizo, y pido que no me idealicen.
He sido.
Sigo siendo...
y volveré a ser
miércoles, 14 de octubre de 2009
Suspensivos
¿Qué hacer?
Cuando la otra mejilla también está roja de la bofetada reciente,
cuando ya mordimos todas las manzanas, y el paraíso no es más que una postal lejana.
¿Qué hacer?
Cuando la marioneta ya está cansada de bailar, y decide cortarse sus propios hilos,
cuando las altas horas de la noche quedan enanas ante este insomnio lungo.
¿Qué hacer?
Cuando las almohadas ya no ahogan los gritos,
Cuando las pesadillas no permiten despertar
Cuando el trueno viene junto con el rayo.
¿Qué hacer?
Cuando la ruta es más corta que nuestros pasos.
¿Qué hacer?
Esto.
Cuando la otra mejilla también está roja de la bofetada reciente,
cuando ya mordimos todas las manzanas, y el paraíso no es más que una postal lejana.
¿Qué hacer?
Cuando la marioneta ya está cansada de bailar, y decide cortarse sus propios hilos,
cuando las altas horas de la noche quedan enanas ante este insomnio lungo.
¿Qué hacer?
Cuando las almohadas ya no ahogan los gritos,
Cuando las pesadillas no permiten despertar
Cuando el trueno viene junto con el rayo.
¿Qué hacer?
Cuando la ruta es más corta que nuestros pasos.
¿Qué hacer?
Esto.
jueves, 8 de octubre de 2009
Segundos afuera, 3er Round
Cuando escuché la campana, todavía tenía la cabeza temblando del cross de derecha que me había dado un segundo antes. Creo que incluso el sonido del guantazo en mi cara fue al unísono con la campana.
Dí vuelta sobre un mismo punto, dejando caer sudor y sangre en igual cantidad y traté de fijar, con ojos tan abiertos como me lo permitían las hinchazones de mis pómulos, el ínfimo banquito que me aguardaba en mi esquina, distante ahora (según mi propia percepción) a diez mil kilómetros del lugar en donde me encontraba parado, todavía con la guardia derecha alta, y el brazo izquierdo casi colgando a mi lado.
Caminé a los tropezones, con la torpeza que me daban los hombros anchos, y los golpes recibidos no sólo esa noche, sino todas las anteriores, y las tardes de gimnasio.
Esto parecía nunca acabar. Y no hablo de la caminata hasta mi rincón, sino el recibir golpes. Yo me entrenaba, había mejorado incalculablemente, era el campeón, el mejor en lo mío. Y sin embargo, siempre había alguien delante de mí, tratando de molerme a palos. De que yo caiga y duerma aunque sea diez segundos en la lona, mientras los flashes de periodistas ajenos a todo mi dolor destellaban aquí y allá. Siempre habría golpes que sentiría como si fueran el último. Fuerzas que parecerían destinadas a quebrarme, a destruirme.
Pero no.
El entrenamiento, (esta vida de boxeador, o este boxeo en la vida, ya no lo sé), hacía que yo resistiera más de lo que mi mente aconsejaba. Mis brazos volvían a levantarse cada vez, los moretones y las heridas sanaban. Las compresas frías bajaban la hinchazón.
Ya estaba sentado, los guantes de quince kilos (o eso me pesaban a mí en ese momento) estaban mirando abajo, mientras mis brazos no hacían otra cosa que relajarse.
Ya no importaba nada más que esa esponja de agua fría, que me refrescaba el cuello, por lo menos durante cinco segundos (tiempo nulo para refrescarme... la mitad de lo que necesito para ganar una pelea).
Escuchaba a lo lejos, como en el fondo de mi nuca las instrucciones del entrenador. Creo que dijo algo sobre no bajar la guardia y seguir moviendo las piernas. Lo miré, pero ya sentía que no tenía fuerzas ni para recriminarle. Ni para decirle que qué podía saber él, que no era él el que aguantaba los puños del negro de 1.97 que se paraba a unos metros.
Tomé un poco de agua, un trago y escupí el resto.
Ya no había fuerzas, ya no sentía las piernas.
Sonó la campana.
Subí las manos, la derecha pegada al mentón, la izquierda algo más separada hacia adelante. Pude sentir cómo se deslizaba el banquito para salir del ring detrás de mí. El negro se paró.
Eran sólo tres minutos más.
O tres menos. Ya no sé
Dí vuelta sobre un mismo punto, dejando caer sudor y sangre en igual cantidad y traté de fijar, con ojos tan abiertos como me lo permitían las hinchazones de mis pómulos, el ínfimo banquito que me aguardaba en mi esquina, distante ahora (según mi propia percepción) a diez mil kilómetros del lugar en donde me encontraba parado, todavía con la guardia derecha alta, y el brazo izquierdo casi colgando a mi lado.
Caminé a los tropezones, con la torpeza que me daban los hombros anchos, y los golpes recibidos no sólo esa noche, sino todas las anteriores, y las tardes de gimnasio.
Esto parecía nunca acabar. Y no hablo de la caminata hasta mi rincón, sino el recibir golpes. Yo me entrenaba, había mejorado incalculablemente, era el campeón, el mejor en lo mío. Y sin embargo, siempre había alguien delante de mí, tratando de molerme a palos. De que yo caiga y duerma aunque sea diez segundos en la lona, mientras los flashes de periodistas ajenos a todo mi dolor destellaban aquí y allá. Siempre habría golpes que sentiría como si fueran el último. Fuerzas que parecerían destinadas a quebrarme, a destruirme.
Pero no.
El entrenamiento, (esta vida de boxeador, o este boxeo en la vida, ya no lo sé), hacía que yo resistiera más de lo que mi mente aconsejaba. Mis brazos volvían a levantarse cada vez, los moretones y las heridas sanaban. Las compresas frías bajaban la hinchazón.
Ya estaba sentado, los guantes de quince kilos (o eso me pesaban a mí en ese momento) estaban mirando abajo, mientras mis brazos no hacían otra cosa que relajarse.
Ya no importaba nada más que esa esponja de agua fría, que me refrescaba el cuello, por lo menos durante cinco segundos (tiempo nulo para refrescarme... la mitad de lo que necesito para ganar una pelea).
Escuchaba a lo lejos, como en el fondo de mi nuca las instrucciones del entrenador. Creo que dijo algo sobre no bajar la guardia y seguir moviendo las piernas. Lo miré, pero ya sentía que no tenía fuerzas ni para recriminarle. Ni para decirle que qué podía saber él, que no era él el que aguantaba los puños del negro de 1.97 que se paraba a unos metros.
Tomé un poco de agua, un trago y escupí el resto.
Ya no había fuerzas, ya no sentía las piernas.
Sonó la campana.
Subí las manos, la derecha pegada al mentón, la izquierda algo más separada hacia adelante. Pude sentir cómo se deslizaba el banquito para salir del ring detrás de mí. El negro se paró.
Eran sólo tres minutos más.
O tres menos. Ya no sé
martes, 6 de octubre de 2009
Dpal be'u
Tal vez todo haya empezado ese día en el salón de clases. Quizá, por otro lado, haya empezado antes, cuando te buscaba, cuando quería que todo el mundo me abriera paso hacia vos.
No puedo precisarlo: yo no entiendo mucho de eras, ni de etapas, ni de ciclos cerrados-empezados.
Lo que sí sé, es que está bueno esto de que no tenga ni principio ni fin. Está bueno que cada día se reinvente, que cada día sea de nuevo un volver a empezar, pero con todo lo que ya sabemos.
Es así como me gusta entenderlo.
No puedo precisarlo: yo no entiendo mucho de eras, ni de etapas, ni de ciclos cerrados-empezados.
Lo que sí sé, es que está bueno esto de que no tenga ni principio ni fin. Está bueno que cada día se reinvente, que cada día sea de nuevo un volver a empezar, pero con todo lo que ya sabemos.
Es así como me gusta entenderlo.
martes, 28 de julio de 2009
Impunidad total
Situación: Lunes por la mañana, antes de las 9.00. En la oficina estamos Ale, Pedro y yo. Entra nuestro gerente, saluda y nos dice:
G: Ayer casi se quedan sin jefe...
Ante nuestra curiosidad, nos relata cómo un día antes entraba corriendo a su casa con su hija de menos de un año en el cochecito, se resbala y da con la cabeza en el escalón de entrada. Según nos dijo, quedó sin conocimiento durante diez minutos, y estuvo otro buen rato "yendo y viniendo" del conocimiento al desmayo.
P: ¿Pero llamaron a un médico no?
G: Sí, claro. Hizo análisis y me dijo
P (interrumpiendo): Que yerba mala nunca muere, ¿no?
G: (mirando raro): No, que no era nada más que el golpe
P: Puta... Hubiéramos tenido lunes, martes y miércoles de luto...
G (Incrédulo): Sí... bueno, me voy a mi oficina.
Silencio de cinco segundos, seguido de carcajadas de los tres. Luego de reirnos un rato, observo:
Yo: Pedro... vos sabés algo ¿No? Hay algo que sabés por lo que no te pueden echar...
A: Nah... para mí, vos te sacaste el quini...
G: Ayer casi se quedan sin jefe...
Ante nuestra curiosidad, nos relata cómo un día antes entraba corriendo a su casa con su hija de menos de un año en el cochecito, se resbala y da con la cabeza en el escalón de entrada. Según nos dijo, quedó sin conocimiento durante diez minutos, y estuvo otro buen rato "yendo y viniendo" del conocimiento al desmayo.
P: ¿Pero llamaron a un médico no?
G: Sí, claro. Hizo análisis y me dijo
P (interrumpiendo): Que yerba mala nunca muere, ¿no?
G: (mirando raro): No, que no era nada más que el golpe
P: Puta... Hubiéramos tenido lunes, martes y miércoles de luto...
G (Incrédulo): Sí... bueno, me voy a mi oficina.
Silencio de cinco segundos, seguido de carcajadas de los tres. Luego de reirnos un rato, observo:
Yo: Pedro... vos sabés algo ¿No? Hay algo que sabés por lo que no te pueden echar...
A: Nah... para mí, vos te sacaste el quini...
martes, 5 de mayo de 2009
Minhistorias IV
I.
La población mundial llego a su pico máximo. Lo líderes del mundo se dieron cuenta, de un día para otro, de que la cantidad de gente en este planeta era demasiada. La hambruna, la indigencia y todos los males parecidos parecían ser, de esa manera, incontrolables.
La reunión entre los mandatarios de las potencias del mundo se llevó a puertas cerradas, en un lugar sólo conocido por ellos y por sus guardias personales más intimos. Luego de deliberar durante varios días, llegaron a la conclusión de que era el momento de actuar: una a una, en lo que (entre irónica, graciosa y cruelmente) dieron en llamar Operación Pandora, fueron liberando las plagas que, desde hace años, sus laboratorios más secretos, venían desarrollando. Ciertas potencias se ocuparon de los monos de Africa. Otras, de los cerdos centroamericanos. Unas más, de los mosquitos sudamericanos. Las últimas, tienen como metal los peces de Asia.
De esto, hace ya veinte años
II.
La segunda resurrección de Cristo tuvo lugar el año 2012. Más precisamente, a las 22.10 del 3 de Febrero de 2012.
Cristo, entonces, entró caminando descalzo al Vaticano, ante la mirada estupefacta de todos.
Miró hacia todos lados, y clavó la mirada en el Sumo Pontífice. Lo estudió lentamente.
Entonces, Cristo levantó sus brazos, con las palmas hacia el cielo y dijo: "Muchachos, volví. Se acabó la joda".
Después de los telegramas de despido pertinentes, se sentó en su solitario despacho, y se dispuso a estudiar sus libros de contabilidad.
III.
Esa noche, como tantas otras, el mar estaba sereno e invisible. Cuando Julián se acercó, caminando por la arena fría, descalzo hacia el agua, sintió que su vida estaba cambiando lentamente. Mientras el cielo se desgarraba en un aguacero estival, y sus ropas se pegaban, empapadas a su cuerpo, Julián tomó conciencia de todos sus músculos. Incluso de aquellos que jamás pensó que se usarían.
Al llegar al mar, el frío del agua salada se le clavó, primero, en la punta de los dedos de los pies, para luego subir eléctricamente por su espina. Sin embargo, esto lo único que logró fue envalentonarlo más.
Siguió caminando resuelto, mientras su pelo casi no lo dejaba ver, estando pegado a sus ojos.
En el preciso instante en que el agua del mar tapó su cabeza por completo, en el horizonte se dibujó un rayo.
Julián sintió que su vida, tal como la conocía, terminaba con ese rayo lejano. Abrió entonces sus branquias, y nadó rápidamente por el fondo del mar
IV.
Cuando despertó, sus brazos y sus piernas estaban inmovilizados. Su pecho sentía tanta presión sobre él que era practicamente imposible respirar. No podía moverse de ninguna manera, a no ser por el giro de su cabeza sobre su cuello. Después de eso, no podía ni siquiera mirar hacia abajo, ya que el mentón en seguida le chocaba contra la arena en que estaba enterrado. Lo habían enterrado con tiempo, y en un pozo profundo, ya que estaba "parado", por decirlo de alguna manera. No recordaba nada más atrás de cuando se despertó. Aunque sentía dolor en casi todo el cuerpo, más allá del obvio dolor de ser presa de vaya uno a saber cuánta cantidad de arena.
A lo lejos escuchaba máquinas, pero no llegaba a ver nada. El sol pegaba de frente en ese momento y estaba practicamente ciego a causa del resplandor. Sintió risas, más golpes y algún que otro ruido más, no hechos por humanos.
Habrá estado así cerca de cuatro horas. Con el cuerpo completamente anquilosado, sintiendo cada vez más el esfuerzo por respirar.
Entonces, escuchó, o más bien sintió, pasos detrás suyo. Quiso ver, pero se acercaban exactamente por detrás, dentro de su punto ciego. Escuchó una risa, y una respiración entrecortada...
Lo último que sintió, fue el golpe de la pala que le abría el cráneo, mientras veía a los lobos acercarse a él corriendo.
La población mundial llego a su pico máximo. Lo líderes del mundo se dieron cuenta, de un día para otro, de que la cantidad de gente en este planeta era demasiada. La hambruna, la indigencia y todos los males parecidos parecían ser, de esa manera, incontrolables.
La reunión entre los mandatarios de las potencias del mundo se llevó a puertas cerradas, en un lugar sólo conocido por ellos y por sus guardias personales más intimos. Luego de deliberar durante varios días, llegaron a la conclusión de que era el momento de actuar: una a una, en lo que (entre irónica, graciosa y cruelmente) dieron en llamar Operación Pandora, fueron liberando las plagas que, desde hace años, sus laboratorios más secretos, venían desarrollando. Ciertas potencias se ocuparon de los monos de Africa. Otras, de los cerdos centroamericanos. Unas más, de los mosquitos sudamericanos. Las últimas, tienen como metal los peces de Asia.
De esto, hace ya veinte años
II.
La segunda resurrección de Cristo tuvo lugar el año 2012. Más precisamente, a las 22.10 del 3 de Febrero de 2012.
Cristo, entonces, entró caminando descalzo al Vaticano, ante la mirada estupefacta de todos.
Miró hacia todos lados, y clavó la mirada en el Sumo Pontífice. Lo estudió lentamente.
Entonces, Cristo levantó sus brazos, con las palmas hacia el cielo y dijo: "Muchachos, volví. Se acabó la joda".
Después de los telegramas de despido pertinentes, se sentó en su solitario despacho, y se dispuso a estudiar sus libros de contabilidad.
III.
Esa noche, como tantas otras, el mar estaba sereno e invisible. Cuando Julián se acercó, caminando por la arena fría, descalzo hacia el agua, sintió que su vida estaba cambiando lentamente. Mientras el cielo se desgarraba en un aguacero estival, y sus ropas se pegaban, empapadas a su cuerpo, Julián tomó conciencia de todos sus músculos. Incluso de aquellos que jamás pensó que se usarían.
Al llegar al mar, el frío del agua salada se le clavó, primero, en la punta de los dedos de los pies, para luego subir eléctricamente por su espina. Sin embargo, esto lo único que logró fue envalentonarlo más.
Siguió caminando resuelto, mientras su pelo casi no lo dejaba ver, estando pegado a sus ojos.
En el preciso instante en que el agua del mar tapó su cabeza por completo, en el horizonte se dibujó un rayo.
Julián sintió que su vida, tal como la conocía, terminaba con ese rayo lejano. Abrió entonces sus branquias, y nadó rápidamente por el fondo del mar
IV.
Cuando despertó, sus brazos y sus piernas estaban inmovilizados. Su pecho sentía tanta presión sobre él que era practicamente imposible respirar. No podía moverse de ninguna manera, a no ser por el giro de su cabeza sobre su cuello. Después de eso, no podía ni siquiera mirar hacia abajo, ya que el mentón en seguida le chocaba contra la arena en que estaba enterrado. Lo habían enterrado con tiempo, y en un pozo profundo, ya que estaba "parado", por decirlo de alguna manera. No recordaba nada más atrás de cuando se despertó. Aunque sentía dolor en casi todo el cuerpo, más allá del obvio dolor de ser presa de vaya uno a saber cuánta cantidad de arena.
A lo lejos escuchaba máquinas, pero no llegaba a ver nada. El sol pegaba de frente en ese momento y estaba practicamente ciego a causa del resplandor. Sintió risas, más golpes y algún que otro ruido más, no hechos por humanos.
Habrá estado así cerca de cuatro horas. Con el cuerpo completamente anquilosado, sintiendo cada vez más el esfuerzo por respirar.
Entonces, escuchó, o más bien sintió, pasos detrás suyo. Quiso ver, pero se acercaban exactamente por detrás, dentro de su punto ciego. Escuchó una risa, y una respiración entrecortada...
Lo último que sintió, fue el golpe de la pala que le abría el cráneo, mientras veía a los lobos acercarse a él corriendo.
miércoles, 22 de abril de 2009
Los sueños sueños son...
Luego de cabalgar miles de leguas, de enfrentar vientos huracanados, diluvios universales y calores desérticos. Luego de sufrir la falta de agua y de comida cuando no se podía cazar o pescar algo. Luego de casi desfallecer bajo el peso inerte de la armadura de duro metal que lo protegía de los ataques enemigos, el Príncipe por fin arribó al castillo. Sabía que, en la última habitación del piso más alto de la torre más alta (como siempre en estos casos) estaba encerrada su princesa. Esa con la que había soñado y se había enamorado al instante.
El príncipe desmontó y dejó su corcel pastando cerca de la puerta del castillo, listo para la retirada triunfal.
El olor a azufre, brasas y metal oxidado que lo invadió al flanquear la puerta lo hizo lagrimear al tiempo que arrugaba la nariz.
Cruzando el patio, que otrora serviría como patio de armas, con la vista atenta y fija en el caballero, se encontraba el dragón que (obviamente) custodiaba a la princesa.
La lucha fue intensa, interminable. Pero el príncipe, fija su obsesión en el rescate de la princesa, venció al fin.
Sólo le quedaba, luego de degollar al dragón, los 1267 escalones de la torre, y se reuniría con su princesa amada.
Tardó mucho tiempo en subir, a pesar de haberse deshecho del peso de la armadura, por demás innecesaria tras la muerte del dragón.
Al llegar al último piso, se acercó a la puerta de la habitación de su princesa. El corazón latía desesperado en su pecho, como si fuera a cansarlo más la sola visión de esa hermosa mujer que toda la travesía hecha para verla.
Abrió la puerta lentamente. La princesa (por supuesto) dormía plácidamente en un lecho que al caballero se le antojó demasiado lujoso para la habitación de una cautiva. Sin embargo, no se amedrentó. Descubrió el mosquitero de tul blanco y la belleza con la que había soñado quedó relegada a la belleza angelical de la princesa en persona. El aire alrededor de ella olía a rosas, y no a pelo chamuscado como todo el resto del castillo.
El príncipe se tomó un momento en silencio para admirarla. Sabía a flor de piel que todo su viaje, sus batallas, las inclemencias vividas, habían rendido su fruto.
Lentamente, saboreando el momento previo, se inclinó sobre el rostro blanco y puro de la princesa. Y la besó en la roja boca, como el destino lo había querido.
Ella despertó de sus sueños, y medio dormida aún, vio el rostro cansado pero feliz de su príncipe que había venido a rescatarla.
Terminó de abrir los ojos, y todavía estudiando a ese recio caballero que sonreía delante de ella, habló:
- ¿Quién eres?
- Soy tu príncipe, hermosa princesa. He cruzado el país entero en busca de tus ojos cristalinos, de tu boca de rosa salvaje, de tu piel de cielo despejado. He venido, como lo han querido los Dioses ha rescatarte...
- ¿Qué hora es? - Interrumpió casi violentamente la princesa
- Es temprano de mañana. No quise demorar este momento, y cabalgué toda la noche a buen tranco para llegar a tí y...
- Temprano de mañana - Pareció sopesar la información la princesa - Bien. Dime, entonces, fiel caballero ¿Quién carajos te dio permiso para levantarme a la madrugada? Soy princesa, me cago en vos. Dejame dormir ¡Querés? O vos te pensás que estar así de linda, así de luminosa, con esta Piel de cielo como decís que tengo se logra durmiendo tres horas... Será de Dios... Andate y cerrá la puerta ¿querés? Y que no me joda nadie hasta pasado el medio día...
El caballero ocultó su bronca y su decepción. Salió de la habitación, y comenzó a bajar las escaleras.
La princesa durmió plácidamente hasta que despertó sola.
Y no supo más nada del caballero
El príncipe desmontó y dejó su corcel pastando cerca de la puerta del castillo, listo para la retirada triunfal.
El olor a azufre, brasas y metal oxidado que lo invadió al flanquear la puerta lo hizo lagrimear al tiempo que arrugaba la nariz.
Cruzando el patio, que otrora serviría como patio de armas, con la vista atenta y fija en el caballero, se encontraba el dragón que (obviamente) custodiaba a la princesa.
La lucha fue intensa, interminable. Pero el príncipe, fija su obsesión en el rescate de la princesa, venció al fin.
Sólo le quedaba, luego de degollar al dragón, los 1267 escalones de la torre, y se reuniría con su princesa amada.
Tardó mucho tiempo en subir, a pesar de haberse deshecho del peso de la armadura, por demás innecesaria tras la muerte del dragón.
Al llegar al último piso, se acercó a la puerta de la habitación de su princesa. El corazón latía desesperado en su pecho, como si fuera a cansarlo más la sola visión de esa hermosa mujer que toda la travesía hecha para verla.
Abrió la puerta lentamente. La princesa (por supuesto) dormía plácidamente en un lecho que al caballero se le antojó demasiado lujoso para la habitación de una cautiva. Sin embargo, no se amedrentó. Descubrió el mosquitero de tul blanco y la belleza con la que había soñado quedó relegada a la belleza angelical de la princesa en persona. El aire alrededor de ella olía a rosas, y no a pelo chamuscado como todo el resto del castillo.
El príncipe se tomó un momento en silencio para admirarla. Sabía a flor de piel que todo su viaje, sus batallas, las inclemencias vividas, habían rendido su fruto.
Lentamente, saboreando el momento previo, se inclinó sobre el rostro blanco y puro de la princesa. Y la besó en la roja boca, como el destino lo había querido.
Ella despertó de sus sueños, y medio dormida aún, vio el rostro cansado pero feliz de su príncipe que había venido a rescatarla.
Terminó de abrir los ojos, y todavía estudiando a ese recio caballero que sonreía delante de ella, habló:
- ¿Quién eres?
- Soy tu príncipe, hermosa princesa. He cruzado el país entero en busca de tus ojos cristalinos, de tu boca de rosa salvaje, de tu piel de cielo despejado. He venido, como lo han querido los Dioses ha rescatarte...
- ¿Qué hora es? - Interrumpió casi violentamente la princesa
- Es temprano de mañana. No quise demorar este momento, y cabalgué toda la noche a buen tranco para llegar a tí y...
- Temprano de mañana - Pareció sopesar la información la princesa - Bien. Dime, entonces, fiel caballero ¿Quién carajos te dio permiso para levantarme a la madrugada? Soy princesa, me cago en vos. Dejame dormir ¡Querés? O vos te pensás que estar así de linda, así de luminosa, con esta Piel de cielo como decís que tengo se logra durmiendo tres horas... Será de Dios... Andate y cerrá la puerta ¿querés? Y que no me joda nadie hasta pasado el medio día...
El caballero ocultó su bronca y su decepción. Salió de la habitación, y comenzó a bajar las escaleras.
La princesa durmió plácidamente hasta que despertó sola.
Y no supo más nada del caballero
viernes, 17 de abril de 2009
Esférica vitalidad
- Mirá, mirá
-¿Qué cosa?
- Mi pelota
- Ah... sí. ¿Jugamos?
- No boludo, mi pelota... rebota.
- Y sí, salame. ¿Qué querés que haga? Está hecha para eso... ¿Jugamos?
- Sí, ya sé que está hecha para eso, pero... se me hace que es otra cosa.
- ¿Eh?
- Claro, que se me hace que es más que una pelota... Ya sé.. ¡es como la vida!
- ¿De qué mierda hablás? ¿Vamos a jugar o no?
- Ja ja. No te enojes pelotudo... Pero no sé si quiero jugar con mi vida
- Pero no es tu vida idiota... es una pelota. Una pulpo, para más datos.
- No... pero es como mi vida. Mirá
- ¡Ya la ví! Hace como cinco minutos que la estoy viendo, y todavía no estamos jugando
- No, pero ¿la viste bien? Por eso es como mi vida
- A ver, gilastro. ¿En qué se parece a tu vida? ¿En que tenés rayitas amarillas? ¿En que si te rompo te sale como un juguito rojo?
- No, pelotudo. No. Mirala bien. Si la ves así, de primera y al voleo, parece perfecta. Es redondita, brillante... qué sé yo. Todas las cualidades pelotísticas. Pero si te acercás, ves que las rayitas no son todas iguales, que en donde está pegada por la mitad tiene rebaba y esas cosas. Pero, más importante, es que, si la tiro, rebota.
- Otra vez con lo de rebota. Estuviste comiendo caca de perro de nuevo, ¿no?
- No boludo. Lo importante de que rebote es que es como en la vida... Todo vuelve.
- La verdad, estás cada día más raro vos. ¿Vamos a jugar o no?
- No estoy raro. Pero mirá, si tiro la pelota contra la pared, vuelve a mi mano. Si la tiro al piso, sube a mi mano ¿entendés?
- Lo único que entiendo, es que con estas boludeces, estas jugando solo. ¿Me prestás la pelota?
- Claro salame. Mi vida, bah, todas las vidas, son así. Vos das algo, y te vuelve. Si crees que estás en caída y tocas fondo, es bueno, porque después empezás a subir. Si crees que te alejas de tu dueño, de la gente que te quiere, en cualquier momento volvés. ¿Entendés o no?
- ¡Ah no! pero vos, aparte de boludo, estás drogado. ¿Jugamos a la pelota o me voy a la hamaca? mirá que ahí veo que se desocupó una..
- No, está bien. Juguemos. Pero sin patearla muy fuerte, ¿Dale?
- Siempre fuiste un maricón. Pero bueno, dale. Atajá, que yo te tiro despacito, como a los bebés.
- Pará boludo. Que ya tengo 5 años.
- Y yo 6. Y no ando hablando tantas pelotudeces como vos. Dale, parate allá, y atajá tu vida, perejil
- ¿Ves? Es como yo digo. Ahora, mi vida está definiéndose en penales. Y tengo que tratar de atajar...
- ¡Basta! Sos un pelotudo a pedal. Me voy a la hamaca...
- Bueno... pero, si te ponés a pensar, la hamaca también es como tu vida. A veces estás arriba..
- No te aguanto más. Andate a cagar.
-¿Qué cosa?
- Mi pelota
- Ah... sí. ¿Jugamos?
- No boludo, mi pelota... rebota.
- Y sí, salame. ¿Qué querés que haga? Está hecha para eso... ¿Jugamos?
- Sí, ya sé que está hecha para eso, pero... se me hace que es otra cosa.
- ¿Eh?
- Claro, que se me hace que es más que una pelota... Ya sé.. ¡es como la vida!
- ¿De qué mierda hablás? ¿Vamos a jugar o no?
- Ja ja. No te enojes pelotudo... Pero no sé si quiero jugar con mi vida
- Pero no es tu vida idiota... es una pelota. Una pulpo, para más datos.
- No... pero es como mi vida. Mirá
- ¡Ya la ví! Hace como cinco minutos que la estoy viendo, y todavía no estamos jugando
- No, pero ¿la viste bien? Por eso es como mi vida
- A ver, gilastro. ¿En qué se parece a tu vida? ¿En que tenés rayitas amarillas? ¿En que si te rompo te sale como un juguito rojo?
- No, pelotudo. No. Mirala bien. Si la ves así, de primera y al voleo, parece perfecta. Es redondita, brillante... qué sé yo. Todas las cualidades pelotísticas. Pero si te acercás, ves que las rayitas no son todas iguales, que en donde está pegada por la mitad tiene rebaba y esas cosas. Pero, más importante, es que, si la tiro, rebota.
- Otra vez con lo de rebota. Estuviste comiendo caca de perro de nuevo, ¿no?
- No boludo. Lo importante de que rebote es que es como en la vida... Todo vuelve.
- La verdad, estás cada día más raro vos. ¿Vamos a jugar o no?
- No estoy raro. Pero mirá, si tiro la pelota contra la pared, vuelve a mi mano. Si la tiro al piso, sube a mi mano ¿entendés?
- Lo único que entiendo, es que con estas boludeces, estas jugando solo. ¿Me prestás la pelota?
- Claro salame. Mi vida, bah, todas las vidas, son así. Vos das algo, y te vuelve. Si crees que estás en caída y tocas fondo, es bueno, porque después empezás a subir. Si crees que te alejas de tu dueño, de la gente que te quiere, en cualquier momento volvés. ¿Entendés o no?
- ¡Ah no! pero vos, aparte de boludo, estás drogado. ¿Jugamos a la pelota o me voy a la hamaca? mirá que ahí veo que se desocupó una..
- No, está bien. Juguemos. Pero sin patearla muy fuerte, ¿Dale?
- Siempre fuiste un maricón. Pero bueno, dale. Atajá, que yo te tiro despacito, como a los bebés.
- Pará boludo. Que ya tengo 5 años.
- Y yo 6. Y no ando hablando tantas pelotudeces como vos. Dale, parate allá, y atajá tu vida, perejil
- ¿Ves? Es como yo digo. Ahora, mi vida está definiéndose en penales. Y tengo que tratar de atajar...
- ¡Basta! Sos un pelotudo a pedal. Me voy a la hamaca...
- Bueno... pero, si te ponés a pensar, la hamaca también es como tu vida. A veces estás arriba..
- No te aguanto más. Andate a cagar.
jueves, 26 de marzo de 2009
Ligas Mayores
Adrián fue el último en salir de los vestuarios. Siempre era el que más tardaba, debido a todas las cremas que solía ponerse después de ducharse. En el bar de la cancha, sentados en la misma mesa de siempre, pegada a la ventana que daba sobre Santo Tomé, lo estaban esperando Pancho y Gastón. El primero, miraba con poco interés el partido entre Audax Italiano y Gremio en la televisión; el segundo miraba alternadamente su vaso de coca y la ventana, como con cierta impaciencia.
Adrián se sentó en la silla que quedaba. Tuti y El gallo se habían ido ya, y sólo quedaban ellos tres después del partido.
- Qué buen partido, loco - Dijo Adrián mientras se servía él también un vaso de coca -Menos mal que les ganamos, porque esos muertos sí que no juegan a nada.
- Sí - Contestó Pancho sin dejar de mirar la tele - Decí que éste se atajó la vida, porque al principio se puso complicada la cosa
- ¡Tenés razón! Qué grande gordo - Reconoció Adrián dándole un golpecito en el hombro a Gastón- Parece que te compraste las manos al final...
Gastón sonrió apenas, como dando a entender que él siempre atajaba igual.
Adrián y Pancho tomaron gaseosa casi al mismo tiempo, como si hubiera un acuerdo tácito acerca de cómo se debía tomar, y cuándo. Cuando volvieron a dejar los brazos sobre la mesa, el tema del partido recién ganado había quedado atrás. Entonces, fue Pancho el que distrajo su atención del partido (aburrido, de todas formas) y miró fijo a Adrián, sonriendo:
- Che, ¿qué onda con la mina esa que estabas saliendo?
- ¿Tu hermana? -Replicó rápido Adrián
- Ja ja, boludo -Rió con ironía Pancho - En serio te digo, salame. ¿Cómo se llamaba? La rubia...
- Micaela se llama.
- ¡Esa! - Recordó Pancho - ¿Qué onda?
- Y... - Adrián se recostó sobre el respaldo de la silla - qué sé yo, loco. Me parece que la voy a largar a la mierda...
- ¿En serio? - Pancho parecía asombrado, pero se notaba que estaba actuando - Pero... ¡si está re fuerte!
- Sí, ya sé... es un avión... Pero, no sé, como que ya me cansó las pelotas.
- Ah... sí, a mí también me pasa eso - Pancho se solidarizó con Adrián - El otro día fui a bailar y me encaré a una mina loco, que no te miento, no era modelo porque tenía algo en la cabeza. No sabés, un lomazo, una carita de ángel, un pelo rubio lacio, hermosa.
- Aha -Pareció interesarse Adrián, a quien le gustaban esas historias
- No, pero no te la puedo describir, muy linda hermano, muy linda. Bué, la cuestión es que la veo, y ¡bam! me encantó. Y me la voy a chamuyar. Y me la ganó. Fuimos a casa, y así, casi sin charlar, me la comí en casa.
- ¡Qué sano es eso loco! - Sonreía Adrián
- Sí - Pancho le guiñó el ojo, y siguió - Pero al otro día, como que quería que se fuera rápido. La minita empezó con que quería abrazo, me preguntaba qué quería de desayuno... me hartó las bolas, como decís vos...
- ¿Viste Panchito? -Adrián se inclinó sobre la mesa - Son así loco, son hermosas cuando están lejos, pero vas, las chamuyas, te las comés, y después, son rompebolas al máximo.
- Pse... Después dicen que nosotros somos todos iguales
- Es que sí loco- Adrián golpeó con el puño la mesa, haciendo vibrar los vasos, y sobresaltando a Gastón, que estaba mirando por la ventana - Están todas cortadas por la misma tijera, hermano. Y, te digo más, mientras más lindas son, más rompebolas. ¿Sabés lo que me decía esta Micaela? Que yo la llamaba poco, que no le daba bola... ¡Ja! -volvió a pegar con el puño en la mesa - Yo le daba bola, loco... Si hasta la acompañaba hasta la parada del colectivo y todo...
- Y sí.. Lo mismo me decía Noelia a mí - Volvió al ataque Pancho - ¿Se acuerdan de Noelia? - Gastón y Adrián asintieron con sendos movimientos de cabeza - Esa también me decía que no la cuidaba, que no la llamaba lo suficiente. Y, en el fondo, lo que quería, era que sea al revés. Quería ella controlarme a mí.
- Claro, boludo - Afirmó Adrián repentinamente - A mí me pasa lo mismo. Y ¿querés que te diga por qué es? Porque saben que, con la facha tuya, o la parla mía, así de fácil como nos ganamos a ellas, nos ganamos a cualquiera. A mí, Adriana me volvía loco con que yo me quería chamuyar a su amiga, María
- Jajaja -Pancho largó una carcajada que hizo que dos o tres que pasaban por Santo Tomé se dieran vuelta a mirar para adentro de la cancha - ¡Y cómo querés que no te volviera loco, si te la terminaste comiendo a María!
- Sí, bueno - sonrió Adrián - Pero ella no lo sabía... je
- Jajaja. - Pancho y Adrián rieron también al unísono. Mientras, Gastón seguía mirando por la ventana, y sonreía amargamente, como pensando en otra cosa.
- Y sí - Pareció sentenciar Adrián, como para cerrar el tema - Te podés chamuyar a la mina que quiera, pero nunca va a dejar de, en el fondo, ser una rompebolas.
Rieron una vez más.
De repente, como si recién se percataran que Gastón estaba ahí, Pancho preguntó:
- ¿Y vos, Gordo? ¿Qué es de tu vida?
- Yo bien - Gastón volvió a mirar a sus compañeros de equipo - Sigo con el laburo, como siempre. Atendiendo cosas de mi casa, desde que me mudé, je. Y estoy saliendo con una piba también
- Mirá vos - Pancho golpeó el brazo de Adrián - ¡Se lo tenía callado el muy turro! Contá, che, contá ¿ya te empezó a romper las bolas con que no le prestás atención? - Y tanto él como Adrián rieron socarronamente - Mirá que a todos les llega ¿eh?
-No - dijo tajante Gastón, mirándolos serios - Ese es un problema que no tengo yo.
Pancho y Adrián se miraron como diciendo "No sabe lo que le espera", pero Gastón siguió hablando seriamente:
- Ese es un problema que no creo que vaya a tener, tampoco. Yo sí le presto atención. Porque a mí sí me interesa. Y ¿saben por qué? Porque, para mí, Alejandra (así se llama), era inalcanzable.
- ¿Cómo inalcanzable? - Se sorprendió Adrián - No hay minas inalcanzables, gordo...
- ¡Ja! - rió irónicamente por primera vez en la noche Gastón - Para ustedes no hay minas imposibles. Para vos -Señaló a Pancho - que tenés facha, y vos -ahora apuntaba a Adrián - que tenés esa labia. Pero para mí, Alejandra era inalcanzable, loco. La conocí hace como cinco años, o más. Y cuando la vi la primera vez, no pude creer lo linda que es. Y tan linda es, que no me animé ni a hablarle hasta como después de dos meses -Adrián y Pancho se miraron casi incrédulos- Y sí, boludos, no se miren así. Ustedes bien saben que yo no tengo ni facha, ni labia, ni nada. A mí me cuesta acercarme a una mina. Y más si es una mina como Ale... Bué, la cosa es que yo, cada día que la veo, no puedo creer que esté conmigo, ¿entendés? - el gordo lanzó la pregunta al aire, retóricamente - una mina así, con un perejil como yo. No se da todos los días, no se da. Y sin embargo, no me pregunten cómo, a mí se me dio. Entonces, yo agradezco a cuanto Dios se me ponga adelante porque esté conmigo. Porque ese es el problema de casi todos los chabones, y más para los que tienen facha, o labia -Ahora el gordo Gastón hablaba ensimismado, como si estuviera monologando frente a su espejo - El problema es que no creen que haya minas inalcanzables. Y es el peor error que podés tener. Creer que la mina que está a tu lado, no se puede ir. Para mí, por más que pasen los días, Ale es inalcanzable, no sé si me explico. No es que ya la tengo, sino que estoy ganándomela cada día. Entonces, lo mejor que puedo hacer, es dar lo mejor de mí. Ya les dije -Repitió- no tengo chamuyo. Y si lo tuviera, tampoco serviría, porque no te podés chamuyar a una mina todos los días. Tarde o temprano, terminás siendo vos. Y como yo soy así, feo, gordo, sin mucha opción para el chamuyo barato, siento que Ale es inalcanzable.
Pancho y Adrián se miraron una vez más, pero ahora serios. Como sopesando las palabras de Gastón, que volvió a mirar por la ventana y sonrió.
- Ahí viene - Dijo Gastón, que empezó a buscar en el bolso la billetera para pagar su parte de la gaseosa - Bueno gente, los dejo. - Y se levantó
Adrián y Pancho, aún serios, miraron hacia la puerta. Entraba una pelirroja alta, flaca, hermosa. Tácitamente, los dos sabían que esa mujer era mucho más que todas las que ellos habían "tenido" juntas. Se miraron, perplejos, y volvieron a ver hacia la puerta, para observar cómo Ale, la pelirroja impactante, sonreía y besaba apasionadamente al gordo.
Gastón habló un par de palabras con Alejandra y, antes de salir, se dio vuelta para hablar por última vez con sus amigos:
- Im-po-si-ble - Silabeó, guiñó el ojo, y sonrió -Nos vemos el martes gente.
Se dio vuelta y le abrió la puerta a su novia, mientras la sostenía suavemente de la cintura, y la guiaba hacia Santo Tomé.
Adentro, Pancho y Adrián volvieron a conversar sobre el partido de Audax y Gremio.
Adrián se sentó en la silla que quedaba. Tuti y El gallo se habían ido ya, y sólo quedaban ellos tres después del partido.
- Qué buen partido, loco - Dijo Adrián mientras se servía él también un vaso de coca -Menos mal que les ganamos, porque esos muertos sí que no juegan a nada.
- Sí - Contestó Pancho sin dejar de mirar la tele - Decí que éste se atajó la vida, porque al principio se puso complicada la cosa
- ¡Tenés razón! Qué grande gordo - Reconoció Adrián dándole un golpecito en el hombro a Gastón- Parece que te compraste las manos al final...
Gastón sonrió apenas, como dando a entender que él siempre atajaba igual.
Adrián y Pancho tomaron gaseosa casi al mismo tiempo, como si hubiera un acuerdo tácito acerca de cómo se debía tomar, y cuándo. Cuando volvieron a dejar los brazos sobre la mesa, el tema del partido recién ganado había quedado atrás. Entonces, fue Pancho el que distrajo su atención del partido (aburrido, de todas formas) y miró fijo a Adrián, sonriendo:
- Che, ¿qué onda con la mina esa que estabas saliendo?
- ¿Tu hermana? -Replicó rápido Adrián
- Ja ja, boludo -Rió con ironía Pancho - En serio te digo, salame. ¿Cómo se llamaba? La rubia...
- Micaela se llama.
- ¡Esa! - Recordó Pancho - ¿Qué onda?
- Y... - Adrián se recostó sobre el respaldo de la silla - qué sé yo, loco. Me parece que la voy a largar a la mierda...
- ¿En serio? - Pancho parecía asombrado, pero se notaba que estaba actuando - Pero... ¡si está re fuerte!
- Sí, ya sé... es un avión... Pero, no sé, como que ya me cansó las pelotas.
- Ah... sí, a mí también me pasa eso - Pancho se solidarizó con Adrián - El otro día fui a bailar y me encaré a una mina loco, que no te miento, no era modelo porque tenía algo en la cabeza. No sabés, un lomazo, una carita de ángel, un pelo rubio lacio, hermosa.
- Aha -Pareció interesarse Adrián, a quien le gustaban esas historias
- No, pero no te la puedo describir, muy linda hermano, muy linda. Bué, la cuestión es que la veo, y ¡bam! me encantó. Y me la voy a chamuyar. Y me la ganó. Fuimos a casa, y así, casi sin charlar, me la comí en casa.
- ¡Qué sano es eso loco! - Sonreía Adrián
- Sí - Pancho le guiñó el ojo, y siguió - Pero al otro día, como que quería que se fuera rápido. La minita empezó con que quería abrazo, me preguntaba qué quería de desayuno... me hartó las bolas, como decís vos...
- ¿Viste Panchito? -Adrián se inclinó sobre la mesa - Son así loco, son hermosas cuando están lejos, pero vas, las chamuyas, te las comés, y después, son rompebolas al máximo.
- Pse... Después dicen que nosotros somos todos iguales
- Es que sí loco- Adrián golpeó con el puño la mesa, haciendo vibrar los vasos, y sobresaltando a Gastón, que estaba mirando por la ventana - Están todas cortadas por la misma tijera, hermano. Y, te digo más, mientras más lindas son, más rompebolas. ¿Sabés lo que me decía esta Micaela? Que yo la llamaba poco, que no le daba bola... ¡Ja! -volvió a pegar con el puño en la mesa - Yo le daba bola, loco... Si hasta la acompañaba hasta la parada del colectivo y todo...
- Y sí.. Lo mismo me decía Noelia a mí - Volvió al ataque Pancho - ¿Se acuerdan de Noelia? - Gastón y Adrián asintieron con sendos movimientos de cabeza - Esa también me decía que no la cuidaba, que no la llamaba lo suficiente. Y, en el fondo, lo que quería, era que sea al revés. Quería ella controlarme a mí.
- Claro, boludo - Afirmó Adrián repentinamente - A mí me pasa lo mismo. Y ¿querés que te diga por qué es? Porque saben que, con la facha tuya, o la parla mía, así de fácil como nos ganamos a ellas, nos ganamos a cualquiera. A mí, Adriana me volvía loco con que yo me quería chamuyar a su amiga, María
- Jajaja -Pancho largó una carcajada que hizo que dos o tres que pasaban por Santo Tomé se dieran vuelta a mirar para adentro de la cancha - ¡Y cómo querés que no te volviera loco, si te la terminaste comiendo a María!
- Sí, bueno - sonrió Adrián - Pero ella no lo sabía... je
- Jajaja. - Pancho y Adrián rieron también al unísono. Mientras, Gastón seguía mirando por la ventana, y sonreía amargamente, como pensando en otra cosa.
- Y sí - Pareció sentenciar Adrián, como para cerrar el tema - Te podés chamuyar a la mina que quiera, pero nunca va a dejar de, en el fondo, ser una rompebolas.
Rieron una vez más.
De repente, como si recién se percataran que Gastón estaba ahí, Pancho preguntó:
- ¿Y vos, Gordo? ¿Qué es de tu vida?
- Yo bien - Gastón volvió a mirar a sus compañeros de equipo - Sigo con el laburo, como siempre. Atendiendo cosas de mi casa, desde que me mudé, je. Y estoy saliendo con una piba también
- Mirá vos - Pancho golpeó el brazo de Adrián - ¡Se lo tenía callado el muy turro! Contá, che, contá ¿ya te empezó a romper las bolas con que no le prestás atención? - Y tanto él como Adrián rieron socarronamente - Mirá que a todos les llega ¿eh?
-No - dijo tajante Gastón, mirándolos serios - Ese es un problema que no tengo yo.
Pancho y Adrián se miraron como diciendo "No sabe lo que le espera", pero Gastón siguió hablando seriamente:
- Ese es un problema que no creo que vaya a tener, tampoco. Yo sí le presto atención. Porque a mí sí me interesa. Y ¿saben por qué? Porque, para mí, Alejandra (así se llama), era inalcanzable.
- ¿Cómo inalcanzable? - Se sorprendió Adrián - No hay minas inalcanzables, gordo...
- ¡Ja! - rió irónicamente por primera vez en la noche Gastón - Para ustedes no hay minas imposibles. Para vos -Señaló a Pancho - que tenés facha, y vos -ahora apuntaba a Adrián - que tenés esa labia. Pero para mí, Alejandra era inalcanzable, loco. La conocí hace como cinco años, o más. Y cuando la vi la primera vez, no pude creer lo linda que es. Y tan linda es, que no me animé ni a hablarle hasta como después de dos meses -Adrián y Pancho se miraron casi incrédulos- Y sí, boludos, no se miren así. Ustedes bien saben que yo no tengo ni facha, ni labia, ni nada. A mí me cuesta acercarme a una mina. Y más si es una mina como Ale... Bué, la cosa es que yo, cada día que la veo, no puedo creer que esté conmigo, ¿entendés? - el gordo lanzó la pregunta al aire, retóricamente - una mina así, con un perejil como yo. No se da todos los días, no se da. Y sin embargo, no me pregunten cómo, a mí se me dio. Entonces, yo agradezco a cuanto Dios se me ponga adelante porque esté conmigo. Porque ese es el problema de casi todos los chabones, y más para los que tienen facha, o labia -Ahora el gordo Gastón hablaba ensimismado, como si estuviera monologando frente a su espejo - El problema es que no creen que haya minas inalcanzables. Y es el peor error que podés tener. Creer que la mina que está a tu lado, no se puede ir. Para mí, por más que pasen los días, Ale es inalcanzable, no sé si me explico. No es que ya la tengo, sino que estoy ganándomela cada día. Entonces, lo mejor que puedo hacer, es dar lo mejor de mí. Ya les dije -Repitió- no tengo chamuyo. Y si lo tuviera, tampoco serviría, porque no te podés chamuyar a una mina todos los días. Tarde o temprano, terminás siendo vos. Y como yo soy así, feo, gordo, sin mucha opción para el chamuyo barato, siento que Ale es inalcanzable.
Pancho y Adrián se miraron una vez más, pero ahora serios. Como sopesando las palabras de Gastón, que volvió a mirar por la ventana y sonrió.
- Ahí viene - Dijo Gastón, que empezó a buscar en el bolso la billetera para pagar su parte de la gaseosa - Bueno gente, los dejo. - Y se levantó
Adrián y Pancho, aún serios, miraron hacia la puerta. Entraba una pelirroja alta, flaca, hermosa. Tácitamente, los dos sabían que esa mujer era mucho más que todas las que ellos habían "tenido" juntas. Se miraron, perplejos, y volvieron a ver hacia la puerta, para observar cómo Ale, la pelirroja impactante, sonreía y besaba apasionadamente al gordo.
Gastón habló un par de palabras con Alejandra y, antes de salir, se dio vuelta para hablar por última vez con sus amigos:
- Im-po-si-ble - Silabeó, guiñó el ojo, y sonrió -Nos vemos el martes gente.
Se dio vuelta y le abrió la puerta a su novia, mientras la sostenía suavemente de la cintura, y la guiaba hacia Santo Tomé.
Adentro, Pancho y Adrián volvieron a conversar sobre el partido de Audax y Gremio.
viernes, 20 de marzo de 2009
Las dos caras de la moneda
1 -) Viviana es una mujer hermosa. O quizá no, vaya uno a saber. Lo cierto es que los hombres mueren por ella. Sabe que a sus espaldas, cuando pasa contoneando sus curvas, deslizando sus largas piernas o ventilando esos vestidos que tan bien le marcan su cintura, los hombres hablan de ella.
Viviana -Vivi, para los más íntimos (que cada vez parecen ser más)- trabaja en un lugar en donde es el centro de atención. No es la única mujer, pero es la más llamativa.
Sabe bien dentro de sí, que puede conseguir lo que sea de los hombres; sin embargo, sólo un par de veces se aprovechó de esto para alguna cosa menor.
Y también sabe todo lo que se dice sin que ella lo escuche: esas historias vanas de sus supuestos amoríos con tal o cual.
Vivi es la más solicitada para hablar. En donde quiera que esté, las miradas, las palabras, los gestos ocultos que pretenden complicidad, todo está destinado a ella. Y ella deja hacer. Con cada uno que habla, ya sea un gerente o un cadete, ella demuestra un buen ánimo. Se permite hacer chistes, invitando muchísimas veces al doble sentido. Se deja elogiar la ropa, el pelo, el cuerpo.
Todo el mundo en la empresa sabe que ella tiene miles de hombres a sus pies. Y que, seguramente, su cama no huele dos veces al mismo aftershave.
2 -) Viviana sale de su empresa dejando besos en el aire y suspiros de parte de todos.
Sube a su auto y rumbea a su departamento, escuchando, seguramente, algo de Alanis Morissette, o de Madonna mientras maneja.
Llega a su departamento, que está completamente cerrado y a oscuras. Cansada de su trabajo de Diosa, deja su cartera en el sillón del living, y lleva los zapatos de taco a su dormitorio. Cuando sale de su cuarto, está en jogging, con una remera larga y algo raída por el tiempo, olvido del único hombre que supo estar a su lado y acompañarla.
Prende la televisión sin mirarla realmente, y va a la cocina. Hoy no hay gimnasio, pero tampoco hay ganas de cocinar. No para ella sola. Calienta agua, y en una taza grande se preparara una sopa instantánea -light- y vuelve al sillón, a sentarse con las piernas cruzadas al lado de su cartera.
No hay nada en el cable, y por eso pone un DVD de alguna vieja Temporada de Sex and the City.
Ríe un poco. Llora mucho más.
Cuando termina su cena, deja la taza en la bacha de la cocina. Tampoco hay ganas de lavar ahora.
Se quita el maquillaje y se lava sus dientes, mientras los pómulos se deshinchan después de haber llorado.
Se va a dormir, su cama está tan fría como su departamento.
Mañana, volverá a ser una Diosa. Por lo menos, de 9 a 5.
Viviana -Vivi, para los más íntimos (que cada vez parecen ser más)- trabaja en un lugar en donde es el centro de atención. No es la única mujer, pero es la más llamativa.
Sabe bien dentro de sí, que puede conseguir lo que sea de los hombres; sin embargo, sólo un par de veces se aprovechó de esto para alguna cosa menor.
Y también sabe todo lo que se dice sin que ella lo escuche: esas historias vanas de sus supuestos amoríos con tal o cual.
Vivi es la más solicitada para hablar. En donde quiera que esté, las miradas, las palabras, los gestos ocultos que pretenden complicidad, todo está destinado a ella. Y ella deja hacer. Con cada uno que habla, ya sea un gerente o un cadete, ella demuestra un buen ánimo. Se permite hacer chistes, invitando muchísimas veces al doble sentido. Se deja elogiar la ropa, el pelo, el cuerpo.
Todo el mundo en la empresa sabe que ella tiene miles de hombres a sus pies. Y que, seguramente, su cama no huele dos veces al mismo aftershave.
2 -) Viviana sale de su empresa dejando besos en el aire y suspiros de parte de todos.
Sube a su auto y rumbea a su departamento, escuchando, seguramente, algo de Alanis Morissette, o de Madonna mientras maneja.
Llega a su departamento, que está completamente cerrado y a oscuras. Cansada de su trabajo de Diosa, deja su cartera en el sillón del living, y lleva los zapatos de taco a su dormitorio. Cuando sale de su cuarto, está en jogging, con una remera larga y algo raída por el tiempo, olvido del único hombre que supo estar a su lado y acompañarla.
Prende la televisión sin mirarla realmente, y va a la cocina. Hoy no hay gimnasio, pero tampoco hay ganas de cocinar. No para ella sola. Calienta agua, y en una taza grande se preparara una sopa instantánea -light- y vuelve al sillón, a sentarse con las piernas cruzadas al lado de su cartera.
No hay nada en el cable, y por eso pone un DVD de alguna vieja Temporada de Sex and the City.
Ríe un poco. Llora mucho más.
Cuando termina su cena, deja la taza en la bacha de la cocina. Tampoco hay ganas de lavar ahora.
Se quita el maquillaje y se lava sus dientes, mientras los pómulos se deshinchan después de haber llorado.
Se va a dormir, su cama está tan fría como su departamento.
Mañana, volverá a ser una Diosa. Por lo menos, de 9 a 5.
jueves, 5 de febrero de 2009
Sin brújula
Como con los ojos vendados en una noche oscura; indefenso en la tormenta, rodeado de relámpagos y truenos. Con el piso temblando debajo de los pies, tambaleante como tantas otras veces antes.
Borracho de ignorancia, con la piel reseca sin los ríos de tu manos que la bañen. Sumergido en la indiferencia... apático.
Escuchando tu voz lejana en mis sueños de ayer, sintiendo que los centímetros que nos separan son leguas insalvables. Medio inclinado, torcido, anudado.
Ahogando los gritos en la oscuridad. Apareciendo y desaparencio para volverte a mí.
Mendigando un golpe, entregándome a la nada.
Así, y nada más que así.
Borracho de ignorancia, con la piel reseca sin los ríos de tu manos que la bañen. Sumergido en la indiferencia... apático.
Escuchando tu voz lejana en mis sueños de ayer, sintiendo que los centímetros que nos separan son leguas insalvables. Medio inclinado, torcido, anudado.
Ahogando los gritos en la oscuridad. Apareciendo y desaparencio para volverte a mí.
Mendigando un golpe, entregándome a la nada.
Así, y nada más que así.
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